MODULO
11. EVALUACIÓN Y
SEGUIMIENTO DE PROYECTOS DE INTERVENCIÓN E INVESTIGACIÓN EDUCATIVA.
UNIDAD
3. SEGUIMIENTO Y
EVALUACIÓN DE PROYECTOS
PROF.
JAIME BENÍTEZ
CARRANZA
ALUMNA:
ALICIA GÓMEZ LÓPEZ
SEDE:
JACALA DE LEDEZMA
MATRICULA:
22446771
Fecha:
16/08/2025
SEMANA
8
Índice
- Introducción
...........................................................................................3
- Teoría
sobre sustentabilidad.......................................................... 4 - 5
2.1. Sustentabilidad y desarrollo rural (Bhola, 1992; Cerda, 2001)
2.2. Evaluación de proyectos desde un paradigma crítico (García Cabrero,
2010)
2.3. Modelo CIPP y enfoque de Rossett
3.
Descripción
del programa "Sembrando Vida”................................. 6
3.1. Ubicación e
institución que lo implementa
3.2. Objetivos que cumple
3.3. Costo y a quién beneficia
4. Situaciones que
desencadenaron el proyecto de sustentabilidad ambiental
5. Tipo de información del proyecto de
sustentabilidad ambiental: óptimos, reales, sentimientos, causas y soluciones, trascendencia…………………7
6. Fuentes de
información que se usaron
7. Resultados......................................................................
8
7.1. Análisis de entrevistas
7.2. Observaciones en campo
8. Contraste y reflexiones finales......................................................
9 – 10
8.1 Vicisitudes y acontecimientos
que se vivieron durante el desarrollo del proyecto de evaluación
- Referencias
.........................................................................
11
- Anexos
...............................................................................
12
1.
Introducción
El programa Sembrando Vida
busca impulsar la sustentabilidad ambiental y el desarrollo rural en México
mediante la reforestación y el fortalecimiento de capacidades productivas de
las comunidades campesinas. Su propósito central es revertir la degradación de
suelos y bosques, al mismo tiempo que se promueve la inclusión social y el
bienestar económico. No obstante, para comprender su impacto real es necesario
realizar un análisis crítico que considere no solo los resultados medibles, sino
también los procesos, las relaciones de poder y las barreras estructurales que
pueden limitar su efectividad.
Desde el paradigma crítico, la
evaluación de programas ambientales debe incorporar la voz de las comunidades
beneficiarias y cuestionar las condiciones sociales y políticas que condicionan
su éxito. Bhola (1992) señala que “la evaluación crítica implica cuestionar no
solo qué tan efectivo es un programa, sino también cómo y para quién funciona,
y cuáles son las condiciones que permiten o limitan su impacto” (p. 39). Este
enfoque orienta la presente evaluación, que integra tanto datos cuantitativos
como percepciones cualitativas, para ofrecer una visión integral del desarrollo
y de las transformaciones derivadas de la implementación de Sembrando Vida
en las comunidades de Vado Hondo y Quetzalapa, municipio de Jacala de Ledezma,
Hidalgo.
El haber evaluado el programa con una
visión holística permitió identificar fortalezas y áreas de mejora que
contribuyan a potenciar su sustentabilidad ambiental.
Por ello, este proyecto de evaluación no
solo buscó medir resultados, sino también revelar y cuestionar las estructuras
y relaciones que afectan el desarrollo sustentable en las comunidades
beneficiarias, generando propuestas que contribuyan a su empoderamiento y a la
mejora continua del programa.
2. Teoría sobre sustentabilidad
La sustentabilidad se concibe como un
enfoque integral que busca equilibrar el desarrollo económico, la justicia
social y la preservación ambiental, de manera que las generaciones presentes
satisfagan sus necesidades sin comprometer las posibilidades de las futuras
(Cerda, 2001). En el contexto rural, la sustentabilidad se asocia a la
capacidad de las comunidades para generar medios de vida que sean
ambientalmente responsables, económicamente viables y socialmente equitativos.
Bhola (1992) plantea que los proyectos
de desarrollo sustentable en zonas rurales requieren no solo la transferencia
de recursos y tecnología, sino también la incorporación activa de los
beneficiarios en la planificación, ejecución y evaluación de las acciones. Esta
participación garantiza que las estrategias respondan a necesidades reales y
promuevan cambios duraderos.
Desde un paradigma crítico, la
evaluación de proyectos implica ir más allá de la medición de indicadores
cuantitativos para analizar las estructuras sociales, políticas y económicas
que influyen en su éxito o fracaso (García Cabrero, 2010). Este enfoque permite
identificar desigualdades, barreras y oportunidades que pueden estar ocultas en
evaluaciones meramente técnicas, fomentando una comprensión más profunda de los
procesos de cambio y transformación.
El modelo CIPP (Contexto, Insumo,
Proceso, Producto), propuesto por Stufflebeam y Shinkfield (2001), ofrece un
marco sistemático para evaluar programas. Este modelo se centra en proporcionar
información relevante para la toma de decisiones en cada fase del programa:
- Contexto: Identifica las necesidades y
oportunidades que justifican la intervención.
- Insumo: Evalúa los recursos disponibles
y las estrategias propuestas para alcanzar los objetivos.
- Proceso: Analiza la implementación del
programa, detectando fortalezas y debilidades en su ejecución.
- Producto: Valora los resultados
obtenidos, tanto inmediatos como a largo plazo, y su impacto en la comunidad.
Stufflebeam y Shinkfield (2001)
argumentan que "el propósito esencial de la evaluación es mejorar, no
demostrar" (p. 31), subrayando la importancia de utilizar la evaluación
como una herramienta para la mejora continua del programa.
Por su parte, el modelo de análisis de necesidades de Rossett
se centra en determinar la brecha entre la situación actual y la situación
deseada, estableciendo prioridades de intervención y asignando recursos de
manera más efectiva. En programas como Sembrando Vida, este enfoque
permite diseñar estrategias adaptadas a las condiciones socio-ambientales de
cada comunidad, considerando tanto datos objetivos como percepciones subjetivas
de los beneficiarios.
Desde un enfoque integral y
contextualizado resulta fundamental para comprender no solo los resultados
cuantificables, sino también los procesos y dinámicas sociales que influyen en
su efectividad y sustentabilidad ambiental. Tal como señala Bhola (1992), “la
evaluación crítica debe contribuir a la toma de decisiones y a la mejora
continua de los programas, facilitando la retroalimentación entre los actores
involucrados” (p. 48).
En suma, la fundamentación teórica que
sustenta esta evaluación combina perspectivas participativas, críticas y
sistemáticas, lo que permite abordar el programa Sembrando Vida desde
una visión holística, integrando el análisis de sus procesos, impactos y
potencial de mejora.
La implementación de recomendaciones
basadas en una evaluación rigurosa y sensible al contexto contribuirá a
optimizar el impacto positivo de Sembrando Vida y a consolidar su papel
como una política pública efectiva en favor del desarrollo sustentable, impulsando
un programa más equitativo, inclusivo y efectivo.
3. DESCRIPCIÓN
DEL PROGRAMA "SEMBRANDO VIDA" EN LAS COMUNIDADES DE VADO HONDO Y
QUETZALAPA, HIDALGO
3.1 Ubicación e institución que lo
implementa
Las comunidades evaluadas, Vado Hondo
y Quetzalapa, se localizan en una región rural del estado de Hidalgo,
caracterizada por su alta dependencia de la agricultura, problemáticas de
erosión de suelos y pérdida de cobertura forestal. El programa opera aquí con
grupos de ejidatarios que desarrollan sistemas agroforestales y acciones de
conservación.
El programa Sembrando Vida es
una iniciativa de la Secretaría de Bienestar del Gobierno de México, que actúa
en coordinación con técnicos productivos y sociales, así como con las
Comunidades de Aprendizaje Campesino (CAC).
3.2 Objetivos que cumple
En términos ambientales, el programa
promueve la reforestación con especies maderables y frutales, la conservación
de suelos y la diversificación productiva. En el plano social, fomenta la
generación de empleo rural, la cohesión comunitaria y el rescate de saberes
tradicionales. Desde el punto de vista productivo, impulsa sistemas
agroforestales y prácticas agroecológicas que buscan garantizar la
sustentabilidad a largo plazo.
3.3 Costo y beneficiarios
Cada ejidatario beneficiario recibe un
apoyo mensual de $6,450 MXN, de los cuales $6,000 MXN son en efectivo y
$450 MXN se destinan al fondo de ahorro comunitario administrado por la CAC.
Estos recursos se condicionan a la participación activa en las actividades del
programa y al cumplimiento del plan productivo.
A nivel estatal, en Hidalgo se han
destinado recursos significativos. En 2023, la inversión aproximada alcanzó $2,060
millones de pesos para beneficiar a miles de productores. En 2021, entre
enero y septiembre, se distribuyeron alrededor de $401 millones de pesos
en pagos directos a sembradoras y sembradores del estado. Estos datos permiten
dimensionar la magnitud de la inversión pública y su impacto potencial en el
empleo rural y la restauración ambiental.
4. Situaciones que desencadenaron
el proyecto de sustentabilidad ambiental
La implementación del programa en la
región responde a la presencia de suelos degradados, pérdida de biodiversidad,
deforestación y limitadas oportunidades económicas. Antes del programa, las
comunidades enfrentaban problemas como erosión severa, baja productividad
agrícola y migración por falta de empleo. Sembrando Vida surge, así como
una estrategia integral para restaurar el medio ambiente y generar ingresos.
5. Tipo de información del proyecto de
sustentabilidad ambiental.
En la evaluación se identificaron
varios niveles de información:
- Óptimos
esperados:
incremento sostenido de cobertura vegetal, cohesión social y aumento de
ingresos.
- Reales
observados:
reforestación efectiva con alrededor de 1,200 árboles en tres hectáreas en
la muestra observada, mejoras en prácticas de manejo, pero con mortalidad
de plantas y entrega tardía de insumos.
- Sentimientos
percibidos: los
ejidatarios muestran orgullo y satisfacción por participar, combinados con
preocupación por la sostenibilidad a largo plazo.
- Causas
de problemas:
factores climáticos, limitaciones logísticas y falta de acompañamiento
técnico continuo.
- Soluciones
sugeridas:
diversificación de especies, mejora en la entrega de insumos y
fortalecimiento de capacidades locales.
- Trascendencia: potencial de recuperación
ecológica y desarrollo comunitario en el mediano plazo.
6. Fuentes de información que se
usaron:
Se emplearon diversas fuentes:
entrevistas a ejidatarios y técnicos, observación participante en las parcelas,
revisión de documentos oficiales, sitios web de la Secretaría de Bienestar, y
bibliografía académica (Bhola, 1992; Cerda, 2001; García Cabrero, 2010).
7. Resultados de las herramientas
aplicadas para la recopilación de datos:
Guía de entrevista.
La mayoría de los entrevistados
participa en el programa desde 2022. Las motivaciones principales incluyen
mejorar las parcelas, generar ingresos y contribuir a la reforestación. Se
observan cambios como incremento de árboles frutales y maderables, mayor
control de erosión y mejor organización comunitaria. Sin embargo, se mencionan
retrasos en insumos, necesidad de más visitas técnicas y diversificación de
especies. La mayoría considera que el programa responde a las necesidades
comunitarias, aunque con áreas de mejora.
Lista de cotejo de observación
Se constató uso adecuado de insumos,
aplicación de prácticas agroecológicas y funcionamiento de viveros. Existe
participación activa en asambleas y evidencia de incremento en biodiversidad.
Como área pendiente, se observó la falta de registros productivos sistemáticos
en algunos casos.
8. Contraste y reflexiones finales
El programa Sembrando Vida ha
generado impactos positivos en la cobertura vegetal y en la organización
comunitaria en Vado Hondo y Quetzalapa. No obstante, desde un enfoque crítico,
persisten retos estructurales como la dependencia del financiamiento federal,
la irregularidad en la asistencia técnica y la necesidad de fortalecer la
autogestión local. Bhola (1992) advierte que un programa es verdaderamente
sustentable cuando las comunidades pueden sostener sus beneficios sin depender
de apoyos externos, mientras que Cerda (2001) enfatiza que la participación
activa y la planificación conjunta son clave para la permanencia de los
resultados.
En la comunidad,
la mayoría de los ejidatarios expresan satisfacción con el programa Sembrando Vida, sobre todo por el
apoyo económico que reciben, el cual consideran un alivio importante para su
economía familiar. Además, algunos manifiestan un gusto genuino por la siembra
y el cuidado de las plantas, lo que hace que valoren aún más la iniciativa. Lo
ven como un buen programa, ya que les paga por realizar una actividad que
también les beneficia en lo personal y en lo comunitario. Sin embargo,
coinciden en que sería necesario reforzar la supervisión, con encargados más
estrictos y comprometidos que den seguimiento real al avance de la
reforestación. Aunque se reconoce que la población de árboles ha aumentado,
para los cuatro o cinco años que llevan el proyecto, se esperaba un impacto
mucho mayor. Esto hace pensar que, con una mejor gestión, los resultados
podrían ser más significativos. Todo proyecto tiene detalles que pueden
mejorarse, y la evaluación constante es clave para detectar y anotar esas
oportunidades. Así, se podría potenciar el beneficio ambiental y social,
asegurando que el esfuerzo invertido se traduzca en un impacto duradero para la
comunidad.
Si bien los objetivos iniciales se
cumplen parcialmente, la sustentabilidad a largo plazo requerirá mayor
autonomía comunitaria, capacitación continua y mecanismos más eficientes de
entrega de insumos. Además de que exista la misma visión en los gobiernos
futuros para su continuación. La implementación de recomendaciones derivadas de
esta evaluación podría optimizar el impacto positivo del programa y consolidar
su papel como política pública en favor del desarrollo sustentable.
VICISITUDES Y ACONTECIMIENTOS QUE SE VIVIERON DURANTE EL DESARROLLO
DEL PROYECTO DE EVALUACIÓN
Durante el
desarrollo del proyecto se presentaron diversas vicisitudes que pusieron a
prueba la capacidad de adaptación y resolución del equipo. Entre ellas, se
incluyeron dificultades logísticas para coordinar la participación de todos los
integrantes del programa, especialmente en las primeras jornadas, lo que se
resolvió mediante reuniones de planeación más flexibles y la asignación de
tareas específicas por grupos. También se enfrentaron retos climáticos, como
lluvias imprevistas que retrasaron actividades de plantación y mantenimiento,
los cuales se solucionaron reprogramando las acciones y priorizando aquellas
que podían ejecutarse bajo condiciones seguras. En el proceso de reforestación,
algunos ejemplares no lograron adaptarse, situación que motivó la búsqueda de
asesoría técnica y la selección de especies más resistentes al entorno local.
Asimismo, se detectó que la participación de ciertos sectores de la comunidad
era limitada; para revertirlo, se intensificó la sensibilización a través de
charlas y visitas a sus parcelas, fomentando así un mayor involucramiento.
Estas experiencias, fortalecieron el sentido de cooperación y reafirmaron el
compromiso colectivo y aportaron aprendizajes valiosos para la gestión de futuras
iniciativas de sustentabilidad.
Otra vicisitud
importante durante la implementación del proyecto fue el requisito de contar
con al menos dos hectáreas y media para ser beneficiario del programa Sembrando
Vida. En la comunidad, varios ejidatarios no cumplían con esta condición, ya
que algunos poseían únicamente una o una hectárea y media, lo que limitaba su
acceso al programa. Para superar este impedimento, algunos habitantes optaron
por unir esfuerzos y trabajar en conjunto, combinando las parcelas de dos o más
personas para cumplir con el requisito mínimo. De esta manera, podían ingresar
al programa, compartir responsabilidades en las labores de plantación y
mantenimiento, así como repartir equitativamente los pagos recibidos. Sin
embargo, esta solución no fue posible para todos, y algunos aspirantes quedaron
fuera debido a que no lograron reunir las hectáreas requeridas, evidenciando un
desafío estructural del programa y la necesidad de considerar la realidad de
las comunidades al momento de establecer criterios de participación.
Referencias
Bhola, H. S. (1992). Paradigmas y
modelos de evaluación. Instituto de la UNESCO para la Educación.
Cerda Gutiérrez, H. (2001). Cómo
elaborar proyectos: diseño, ejecución y evaluación de proyectos sociales y
educativos. Cooperativa Editorial Magisterio.
García Cabrero, B., Loredo Enríquez,
J., & Carranza Peña, A. (2010). Evaluación de programas educativos.
Paidós.
Rodríguez, J., & Miguel, M.
(2005). Evaluación de programas educativos: modelo CIPP. Revista
Española de Pedagogía, 63(231), 223-244.
Anexo.
